¿Amas o dependes?

¿Qué más necesitas?

   En un país lejano vivía una princesa de tal belleza física que los caballeros del reino eran incapaces de mantener una conversación normal con ella, pues perdían continuamente la concentración al sumergirse en su preciosa mirada.

   Una tarde, el Rey decidió que había llegado el momento de desposar a su hija y celebró la mejor fiesta que el reino había disfrutado jamás. Cuando todos los caballeros del reino y de otros vecinos se aglutinaron en la sala del trono, el encargado de festejos comenzó a leer las palabras del Rey:

—Doy permiso a mi hija, la princesa Clarisa, a elegir entre todos los caballeros aquí presentes al que será, por siempre, quien haya de desposarla. Para ese menester, mi hija os dirá los requisitos que debe poseer.

  La princesa Clarisa se levantó de su sillón y caminó entre los caballeros, observando con detenimiento sus cualidades físicas antes de hablar.

—Yo, la princesa Clarisa, quiero que cada uno de vosotros se postre ante mí y me ofrezca un regalo. El dueño del regalo que más me entusiasme, será quien me despose.

  Los caballeros se tomaron un momento para pensar en el mejor regalo que podían ofrecerle a la princesa, para ser el elegido, y después hicieron una enorme fila que llegaba hasta los jardines del palacio.

  Uno a uno, como había sido el deseo de la princesa, fue ofreciendo su especial regalo, mientras su dama de compañía anotaba una lista muy extensa de ellos. Entre los deseos había terrenos llenos de hermosas plantaciones, castillos, joyas, los mejores vestidos elaborados por los mejores sastres, el cuadro más grande jamás pintado para mostrar su belleza, etc. Pero ningún regalo parecía llamar la atención de la princesa Clarisa.

  Entre los caballeros se colocó, sin que nadie se diera cuenta, un joven arquero que, llevaba años, enamorado de la princesa. Cuando llegó el turno de ofrecer su regalo, se arrodilló de la misma forma que lo hicieron los anteriores caballeros y le confesó:

—Llevo años enamorado de vos y le ofrecería mi amor y mi respeto por el resto de mi vida, pero si por algún motivo que desconozco, eso no fuera suficiente, le ofrezco traer a este palacio veinte cosas que usted quiera.

  La dama de compañía apuntó el regalo del arquero y le dio paso al siguiente caballero.

—No, espera un momento. Ese regalo es el que más me ha gustado. Así que —dijo poniéndose en pie —queda dicho que mi regalo será traer al palacio veinte cosas que yo desee. Si cumples con lo prometido, me desposarás, después de traer el vigésimo regalo que yo haya escogido.

  El primer regalo que la princesa Clarisa eligió fue traer un litro de agua de las corrientes mortales del lago Terkinesh. El segundo, la estatua de oro situada en la cima de la colina rocosa Trisbania. Después, una daga oculta en un desierto, lava de uno de los volcanes más peligrosos del reino y así sucesivamente. Cada deseo era más complicado que el anterior. El arquero pensó que jamás había realizado tareas tan difíciles sacadas de la mente de una cara tan bonita como la de la princesa. Cada vez que volvía al palacio con el regalo para la princesa, el arquero mostraba más heridas y tristeza en su mirada; llegaba mucho más delgado con cada salida y las conversaciones con la princesa para explicarle cómo había conseguido su regalo, eran más breves.

  Por fin llegó el día en el que la princesa le pediría el último de los deseos.

—Necesito que me traigas un pedazo de nube.

  El arquero se retiró sin pronunciar palabra, rumbo a una de las montañas más altas que había en el reino, con la esperanza de encontrar una nube a la que arrancarle un pedazo para la caprichosa Princesa Clarisa. Esta vez, tardó mucho tiempor en volver pues tuvo que enfrentarse a verdaderos peligros que pudieron llegar a causar con mucha facilidad su muerte.  Para mitigar la espera, la princesa decidió comenzar con los preparativos de la boda, de esa manera, cuando el arquero volviera, celebrarían la unión que sería para siempre.

  Cuando el arquero llegó con el pedazo de nube, se la entregó con mucha delicadeza a la princesa, pues temía que antes de que su amada pudiera disfrutarla se hubiera desvanecido.

  Sin embargo la princesa cogió el pedazo de nube y lo tiró sobre un cogin situado en el suelo.

—Ven, amado mío. Tienes que asearte y vestirte, pues de inmediato se celebrará nuestra boda.

  El arquero se tocó la frente que sangraba desde hacía horas.

—No te preocupes por esa herida, ahora te curan para que estés atractivo.

  El arquero pensó en su espalda, destrozada por todo lo que había tenido que soportar; sus pies cansados y sin calzado, gastados de tanto caminar; su estómago vacío de días y días de hambre… De repente, levantó la vista y le dijo mirándole fijamente a la cara.

—Antes de partir te amaba con todas mis fuerzas y te ofrecí mi amor incondicional y mis respetos. Nada de eso fue suficiente para ti. Te he traído todos los deseos que se te han antojado, cada cual más complicado y peligroso y pese a mi apariencia demacrada y dolorida, tu amor por mí no ha sido capaz de ahorrarme ni un solo  de los sacrificios que he hecho por ti. Ya no deseo casarme contigo. No mereces nada de lo que realmente puedo ofrecerte.

Escrito por Luisa García.

Si deseas escuchar el audio de esta historia, con la reflexión, visita mi canal aquí.

Gracias por tu visita.

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Las Hadas de las Estaciones

Cuento Las hadas de las estaciones

LAS HADAS DE LAS ESTACIONES,  escrito por Luisa García Martínez.

REFLEXIONA CONMIGO:

Este cuento lo he escrito pensando en los niños pequeños, con intención de hacerles reflexionar sobre ciertos temas, como es la necesidad de:

  • Pedir ayuda, cuando no pueden solo, con cierta tarea. Algunas personas tenemos la sensación de que podemos con lo que estemos haciendo solos y podría ser, pero es más sencillo y eficaz pedir ayuda. Otras veces creemos que debemos hacer la tarea que sea solos, porque nadie nos va a ayudar, y no es así.
  • Trabajar en grupo. Las tareas realizadas en grupo enriquecen mucho más que las que se realizan a solas. Es un hecho que unos aprendemos de otros y el resultado es muy positivo en muchísimos aspectos.
  • Saber elegir a la/s persona/s que realmente nos aporte beneficios y al mismo tiempo se lo aportemos nosotros. No todas las personas tenemos las mismas características personales en cuanto a la capacidad, interés, organización, constancia, esfuerzo,… Hay que intentar buscar un grupo en el que cada uno aporte su granito de arena.
  • Ofrecer ayuda. En ocasiones vemos a alguien realizando una tarea en la que podríamos ayudar y nos quedamos de brazos cruzados. Es importante ofrecer nuestra colaboración y sentirnos al mismo tiempo útil.

 

Os dejo con el cuento una historia de Fantasía con Hadas como protagonistas:

 LAS HADAS DE LAS ESTACIONES.

Hace mucho, mucho tiempo, cuando todavía existían dinosaurios en nuestro planeta, revoloteaban cerca de las nubes del cielo dos Hadas del clima: Hada Invierno y Hada Verano.

Hada invierno

  Hada Invierno volaba feliz y contenta durante seis meses, pidiéndole a sus amigas, las nubes, agua para regar los campos; frío, para que los frutos crecieran y no se quemaran al sol y para que el hielo de los Polos no se derritiese; viento, para que las hojas de los árboles cayeran y nacieran otras nuevas,…

Agotada de tanto trabajo y al final de esos seis meses, se refugiaba detrás de Nube Soñadora, a descansar.

Hada verano.

Entonces llegaba el turno de Hada Verano, que comenzaba con flores, para embellecer los campos; calorcito suave, para que esas flores que poblaban el campo no se marchitasen; mucho calor, para que los habitantes del planeta Tierra pudieran disfrutar de la playa y ciertas plantas que necesitaban mucho calor para que diesen sus frutos.

Pero Hada Verano también se sentía exhausta cuando terminaba su labor de seis meses. Así que el último día que trabajaba Hada Invierno fue visitada por Hada Verano y hablaron durante horas, buscando la forma de repartirse los doce meses del año de otra manera para no sentirse tan cansadas.

—Podríamos trabajar un mes cada una, así no nos cansaríamos tanto y descansaríamos más a menudo —sugirió Hada Invierno.

—Pero así marearemos a toda la gente, ya hace calor, ya hace frio,… Los frutos no tendrían tiempo de madurar. Las plantas se marchitarán muy pronto y no podrán florecer, será un lío tremendo —respondió Hada Verano.

—¿Entonces qué hacemos?

—¿Qué te parece si pedimos ayuda a otras dos Hadas y así podemos repartirnos el año en cuatro meses cada una? Podemos compartir las tareas, acabaremos antes y descansaremos más —fue la solución de Hada Verano.

Así que fueron al Reino Secreto donde viven las Hadas y les pidieron ayuda para compartir las tareas de las Estaciones del Año.

Enseguida se presentaron muchísimas compañeras deseando colaborar y nuestras amigas tuvieron que elegir a las que eran más trabajadoras. Así escogieron a Hada Otoño y Hada Primavera, las cuales salieron inmediatamente dispuestas a desarrollar sus ideas para cuando les tocara trabajar.

Hadas.

Hada Otoño se encargaría de:

  • Pintar un cielo no muy azul con nubes blancas, unas veces; grises, otras.
  • Soplar un viento fresco que cayera las hojas de los árboles para que otras nuevas nacieran.
  • Hacer crecer frutos secos y carnosos, como las nueces, castañas, avellanas, bellotas,…
  • Traer una fina lluvia que comenzara a regar los campos y limpiar el polvo de ciudades y pueblos.

  Hada Invierno se ocuparía de:

  • El frío que tanto necesitan los Polos.
  • Que el sol no brille con mucha intensidad para que no marchite las plantas y los árboles.
  • Que no haya tantas horas de sol, para que descansemos más por la noche.
  • Hacer caer lluvia, nieve y granizos.

  Hada Primavera cambiaría:

  • El frío por el calorcito, más apetecible.
  • El suelo vacío por hierba y flores.
  • El color apagado por la mezcla de colores por doquier.
  • Los frutos secos por frutos jugosos y dulces como la mandarina, fresas, cerezas,…
  • Los vientos fuertes por suaves brisas.

  Hada Verano se encargaría de:

  • Pedirle al Señor Sol que calentara mucho para que el agua de piscinas y playas estuvieran calentitas.
  • Hacer que los días sean más largos y se pueda disfrutar más.
  • Permitir que los niños y los mayores disfruten del aire libre para compartir actividades en familia.
  • Que la tierra diera frutas tan ricas como la piña, sandía, melón, mangos, higos,…

Y fue  a partir de entonces y fue de esa manera, que las cuatro Hadas crearon las cuatro estaciones del año, gracias a las cuales podemos disfrutar de cambios de clima, frutas, paisajes,…

Espero que os sirva y os ayude a conversar con vuestros pequeños, enseñándoles también a ellos a reflexionar.

¿Sueles pedir ayuda en lo que haces?

¿Te ofreces a ayudar a los demás?

Cuéntame en los comentarios que te ha parecido la historia.

Si te apetece escuchar el cuento o que lo escuchen tus pequeños haz clic aquí.

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Cuento: Los 3 ancianos magos

Vamos a reflexionar.

Los 3 ancianos magos

  En una pequeña aldea, situada en lo alto de una colina, se encontraba una única casa. Había sido construida con paja, finos palos de madera y trozos de telas que proporcionaban sombra al hogar. Una mujer salió con una cesta llena de maíz para sus gallinas, que tranquilamente correteaban por  el patio delantero.

  Al mirar hacia la calle, vio pasar a tres ancianos con ropas raídas y largas barbas grises. Miraron a la mujer con ojos tristes y melancólicos, como si echaran de menos un hogar.

Magos

  La mujer se apiadó de ellos y los llamo:

—¿Hacia dónde os dirigís caballeros?

—No tenemos rumbo fijo, señora —dijo el más alto.

—Pues entrad en mi humilde hogar que algo de comida os podré ofrecer. Seguro que hambre lleváis y no debe ser poca.

  Los tres hombres se miraron entre ellos y el más bajito pregunto:

—Se encuentra en casa el señor del hogar.

—No. Aún no llega —contestó.

—Entonces nos debéis disculpar, mi señora, pero sería una osadía entrar.

  Frente a la casa de la mujer había unas cuantas piedras y allí fueron los caballeros a reposar del largo y pesado camino.

  Transcurrido un tiempo, el esposo llegó y la mujer le conto lo ocurrido con los tres ancianos.

—Pues ya que estoy aquí, ve mujer, y diles que entren. Les ofreceremos lo que tengamos.

  Ella se acercó a las piedras y les comento la respuesta de su esposo.

—Sera un verdadero honor para nosotros que nos ofrezcáis vuestra ayuda pero no podemos entrar los tres a la vez —explicó el anciano más alto.

—Pero, no entiendo por qué.

—Yo os lo explicaré, amable señora —dijo el anciano que aún no había hablado —. El anciano más alto es El mago Fortuna, el más bajo, es El mago Éxito y yo soy El mago Amor. Vuelve con tu esposo y decidid quién de nosotros tres entrará en vuestro hogar.

Fortuna
fortuna

  La mujer se quedó sorprendida no solo por lo de ser magos, sino por los nombre que tenían.

  Entró en casa y le contó todo a su esposo.

—¡Pues que entre el mago Fortuna! —grito inmediatamente al conocer la historia.

  La esposa trató de calmarlo y hacerlo entrar en razón.

—¿No sería mejor pedirle al mago Éxito que sea él quién entre?

Éxito

  Fue entonces cuando la única hija del matrimonio salió de su habitación con cara de sorpresa al escuchar lo que ocurría.

—Es mejor que entre el mago Amor. Así reinaría el amor en nuestra casa para siempre. No olvidéis que soy doncella casadera y necesito amor.

  Los padres se miraron y se dieron cuenta que la hija tenía razón. Amor es todo lo que se necesita para ser feliz.

  Así fue como la mujer volvió a salir de la casa y se dirigió al lugar donde pacientemente esperaban los magos.

—Hemos decidido entre toda la familia que entre el mago Amor.

Amor
Amor

  El anciano se levantó apoyándose delicadamente en su bastón y comenzó a caminar hacia la entrada de la casa, seguido por los otros dos magos.

  La mujer no entendió lo que ocurría, pues recordaba que los ancianos le habían pedido que escogiera.

—¿No decíais que no podíais entrar los tres al vez?

  El anciano más bajo explicó la situación:

—Todo dependía de vuestra elección. Si hubieseis preferido al Mago Fortuna o a mí, El mago Éxito, solo uno habría entrado y hubiera colmado vuestro hogar del poder que posee. Pero habéis elegido al Mago Amor y donde va el Amor, va la Fortuna y el Éxito.

¿Y tú? ¿Qué hubieras escogido?

¿Qué es más importante en tu vida?

Puedes dejar un comentario explicándolo. Me encantará leerte.

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