Escritura Creativa, Relatos

La leyenda de los sacacuartos

La leyenda de los sacacuartos
Siempre hay alguien que quiere aprovecharse de los inocentes

Cuenta una antigua leyenda que hace muchos muchos años, en un país lejano, vivió un rey conocido por todos como «el divino». Desde su primer día de mandato organizó a sus hombres de tal manera que todos los habitantes del pueblo se sintieran protegidos y arropados. Se aseguró de que cada familia tuviera un modo de subsistir y de mejorar con el paso del tiempo y su esfuerzo personal. Premió a aquellos que aceptaban en su taller a un aprendiz y eliminó la pobreza. A pesar de su gran esfuerzo, siempre encontraba a un grupo cada vez más numeroso de personas inconformes con su modo de vida.

Un día, su hijo Alfonso, decidió que había llegado el momento de poner en practica sus ideas. Entendía y aceptaba la forma de reinar de su padre, pero él creía que podía mejorarlas. Tenía la convicción de que a mucha gente se les regalaba su estatus social sin habérselo ganado y eran ellos precisamente quienes se sentían en desacuerdo con las normas reales. Alfonso le propuso a su padre un plan infalible. Se haría pasar por aprendiz y comenzaría a trabajar en la ciudadela. Allí se daría a conocer entre los vecinos y al mismo tiempo estudiaría a cada uno de ellos. Cuando tuviera una idea clara de por qué existía descontento entre la población, volvería a casa.

La leyenda de los sacacuartos
La ciudadela

El rey temía que su hijo fuera reconocido por alguien y pudieran hacerle algún mal. Sin embargo, confiaba en el buen corazón de su gente.

Llego el día señalado y el príncipe Alfonso se dirigió solo al centro de la ciudadela. Se encontraba nervioso y dudaba de que su idea fuera buena, pero estaba animado y decidido. Se había vestido como un joven de su edad, con ropa cómoda y sin ningún signo de riqueza. Su gran amigo Martín, el encargado de las caballerizas reales, le había prestado todo lo necesario. Caminó despacio, observando atentamente el gentío que se encontraba comprando en el mercado. Había disputas entre ellos, desacuerdos en los precios, insultos continuos y querellas. Todos pensaban que eran victimas de abusos y malos manejos. Alfonso prestaba atención a los talleres que se iba encontrando por el camino, ya que entre sus próximas tareas estaba el entablar conversación con el resto de aprendices.

Había pensado que su mejor opción seria una herrería, ya que había pasado mucho tiempo junto al herrero real, viendo hacer espadas para los soldados de la guardia. Su padre se había encargado de hablar con el herrero Pedro hacía varios días y lo estaba esperando.

El aprendiz de herrero

—Muy buenas, hijo. Algo enclenque para mi gusto, pero espero que tengas la fuerza suficiente para darle al mazo.

—La tendré, señor —dijo el príncipe Alfonso, haciéndose pasar por aprendiz de herrero.

Durante días trabajó aprendiendo con ilusión el oficio. Al mismo tiempo se relacionó con todos los aprendices que poco a poco iba conociendo y con el resto de los vecinos. Pero fue el herrero quien más información valiosa le proporcionó. Sus charlas eran interminables mientras el fuego ardía con intensidad en la fragua y los martillos tamborileaban uno tras otro. Fue en esas charlas que Alfonso descubrió la verdad de todo aquel desconcierto y pudo vivirlo en carne propia. Para mantener el buen funcionamiento de la ciudadela el rey había fijado unos impuestos mensuales a la población. Llegado el momento, los encargados de recogerlos, hombres conocidos como «los sacacuartos» , pasaban por los talleres y hogares artesanales para recoger lo convenido: treinta soles de plata para la gran mayoría de ellos.

Un día, mientras Alfonso avivaba las llamas de la fragua, aparecieron dos hombres en la herrería.

—Menudo calorcito tienes en esta choza, anciano —comentó el más barrigón.

—Bienvenidos de nuevo a mi humilde taller, señores. Ahora mismo os doy mi cuota —se apresuró a decir el herrero Pedro.

Alfonso lo notó algo nervioso y bastante tembloroso.

—Vaya, vaya. ¿Que tenemos aquí? —el cobrador de ojos saltones y pelo gris como las cenizas de la fragua apagada se percató de una espada recién pulida que colgaba de la pared. Le pareció la mas bonita que jamas había visto. Sin pedir permiso, la descolgó y la estudió con entusiasmo.

¡Vaya espada!

—Es un encargo, señor —aclaró Pedro—. Esta misma tarde, el señor Foncada, jefe de la guardia de día, vendrá a recogerla.

—Creo que no hará falta. Me la voy a quedar yo, ¿que te parece, Paolo? —le preguntó sonriente a su compañero.

—Magnifica, amigo. Parece echa especialmente para ti.

—Señor, por favor, no puede quedársela —insistió el herrero—. He tardado casi una semana en elaborarla. Si me permite, puedo enseñarle otros modelos y así elige la que más le guste.

—No. No voy a seguir hablando de esto. Dame tu cuota y hazte a la idea de que le has echo un buen regalo al rey.

—Pero, señor…

Alfonso no podía creer que gente elegida por su padre para mantener el buen funcionamiento del reino estuviera abusando de su poder de forma tan descarada. Se había equivocado al pensar que la gente estaba descontenta por otros motivos. Sin pensarlo dos veces, dejó su puesto en la fragua y caminó hacia la entrada para poner fin a aquella situación. Entonces fue testigo de otro acto desleal. El más barrigón recogía la cuota del herrero y contaba las monedas en voz alta.

—¿Qué es esto? —preguntó con cara de pocos amigos.

—Es mi cuota, setenta soles. La misma que he pagado los últimos meses.

La leyenda de los sacacuartos
¡Entrega la cuota!

—Lo siento, pero ya ha subido —declaró el sacacuartos—. Ahora tienes que pagar cien.

—¿Cien soles? No puedo pagar tanto dinero.

—No soy conocedor de tal subida —comentó Alfonso, muy tranquilo.

—¿Y tu quién eres? ¿Por qué te inmiscuyes en asuntos de mayores?

—Ya soy mayor de edad. Os habéis atrevido a pedir setenta soles en los últimos meses. ¿Osáis ahora exigir cien, cuando la cuota de un herrero está en treinta?

—Son ordenes del rey —contestó el más delgado.

—¿Dónde está esa orden? —preguntó Alfonso extendiendo la mano para que le entregaran el documento firmado por el rey.

—No necesito ninguna. Yo lo digo y punto.

—El señor Pedro debe entregar treinta soles para el beneficio de su pueblo. —Alfonso se acercó a coger el dinero de la mano del encargado y le devolvió solo treinta soles. Los otros cuarenta que Pedro había dado de más se los regresó a su dueño.

El sacacuartos que llevaba la espada robada se colocó en posición y obligó a Alfonso a ponerse en guardia. En un abrir y cerrar de ojos, el muchacho agarró una espada aún sin acabar y comenzó una lucha contra el deshonesto encargado que pensaba ganar sin esfuerzo alguno. En cuestión de segundos Alfonso desarmó a su contrincante y descubrió su identidad.

—Sé de buena tinta que mi padre, el rey Juan, no es tan tirano como para asfixiar a su pueblo subiendo las cuotas convenidas. Habéis faltado a vuestra palabra y desobedecido al rey. Seréis castigados severamente. Devolveréis la espada que estabais dispuestos a robar y yo mismo os entregaré a mi padre.

Devuelve lo robado y no abuses de nadie

Y así fue como los habitantes del pueblo volvieron a vivir en armonía, ayudándose día tras día los unos a los otros.

¿Te ha gustado esta leyenda? Espero que sí.

Gracias por tu visita.

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Escritura Creativa, Recursos para el escritor

5 Tips para escribir un diario.

Aprovecha los beneficios de escribir un diario y mejora tu vida

Me encantaría escribir un diario, pero ¿cómo lo hago?, ¿qué escribo en él?, ¿será algo aburrido o no?

Estas y otras preguntas puedes hacerte a la hora de empezar un diario. Y tal vez lo has hecho y aún no le encuentras los beneficios.
Te voy dejando a lo largo del artículo preciosidades para que te inspires.

Pues bien, en este artículo te voy a dar 5 tips para hacer tu diario tan personal y beneficioso que no puedas pasar un solo día sin escribir.

¿Qué es un diario?

En la novela que estoy leyendo en estos momentos de Laura Gallego, “Los bestiarios de Axlin“, te explica la importancia de los grandes escribas en su mundo y cómo el hecho de perder el hábito lector e incluso el hecho de no saber leer hace que las tradiciones, hechos y momentos importantes de la historia de una comunidad permanezcan en el olvido.

Vale, no queremos convertirnos en escribas ni elaborar un diario para los demás, pero sí para nosotros mismos. Algo en donde reflejar nuestras emociones, sentimientos y momentos que hayan supuesto para nosotros algo necesario de recordar. Un lugar a donde ir cuando sospechemos estar pasando por una situación parecida y reflexionar si la actitud que tomé entonces se repite o no; si los sentimientos fueron parecidos; si reaccioné de buena o mala manera.

Los grandes especialistas en salud mental aconsejan escribir en un diario de forma continuada. Y exponen muchas razones para ello:

  Te ayuda a:

  • conectar con tu yo interior
  • aclarar dudas
  • guiar tus decisiones
  • desarrollar tu creatividad
  • proyectar tus sentimientos y emociones
  • reflexionar sobre tus errores y aciertos
  • consolidar tus hábitos y darles forma de manera visual.
  • subir tu autoestima al anotar continuos éxitos aunque parezcan a simple vista nimiedades
  • tener un registro de actuaciones que has llevado a cabo y sus consecuencias.
  • reorganizar tus ideas

Bien, una vez que ya sé que es bueno para mí escribir en un diario y que de verdad quiero hacerlo,

¿Cómo lo hago?

1º.- Escojo el material o herramienta que más me llame la atención:

  • una libreta preciosa que guardo desde niña
  • una que he hecho yo misma
  • una que acabo de comprar
  • una aplicación de móvil
  • mi Pc
  • mi iPad o tableta…

2º.- Decido qué tipo de diario voy a llevar:

  • si voy a escribir solamente
  • escribiré y dibujaré
  • decoraré además de escribir…

Hoy está de moda los travellers notebooks, los journalings, los junk journals… todos ellos son diarios donde viertes tu creatividad y desarrollas técnicas de entintado, pintura, recortado y pegado…

Te invito a ver mi Selfbook, algo parecido a un diario. Mira este vídeo:

¿Cuándo lo uso?

En teoría un diario está diseñado para que anotes algo todos los días, ya sea por la mañana o por la noche o quizá en ambos momentos, pero eso es algo que debes decidir tú. Personalmente no paso ni un día sin que escriba en él. No solo me relaja, sino que me hace tomar conciencia de mi jornada y reflexionar sobre ella.

¿Qué anotó?

Tip 1: Según los psicólogos y expertos en el tema los pensamientos negativos permanecen en el cerebro más tiempo que los positivos. Así que no anotes lo malo que te ha pasado, lo que te ha hecho tu compañero/a de trabajo o la regañina que te ha echado tu profe.

Tip 2: Anota sentimientos, emociones y hechos con los que hayas reaccionado de alguna manera en particular. Comenta si te ha parecido buena reacción o si deberías haber actuado de forma diferente. Si es así, expresa por escrito lo que te hubiera gustado hacer o decir. De esa forma estás enseñando a tu yo interior a responder como a ti te gusta.

Tip 3: No anotes rutinas o actividades que hayas hecho o tengas que hacer, para eso está la agenda.

Tip 4: Imagina que el diario es tu amigo/a más fiel y que está dispuesto a escucharte y aconsejarte. Háblale como si solo él pudiera ayudarte.

Tip 5: Escribe todas aquellas actitudes, respuestas o contestaciones que alguien ha dado en un momento del día y que, por “h” o por “b”, te ha llamado la atención y te gustaría repetir en caso de verte en la misma situación.

Y ahora cuéntame:

¿Tienes el hábito de escribir diarios? ¿Lo encuentras útil para tu desarrollo personal? ¿Lo aconsejarías a aquellas personas que aún no lo usan? ¿Podrías describirme cómo es tu diario?

Ejemplo: A mí yo interior

Hoy he pasado un mal rato en el recreo. Un grupo de chavales comenzaron a insultar a otro sin que les hiciera nada. Eran mayores que yo y me daba miedo meterme en la pelea. Así que lo que se me ocurrió fue llamar inmediatamente a los profesores y cuando llegaron al rincón donde estaban, el muchacho sangraba por la boca. Todo se acabó en un segundo. El herido fue llevado al centro de salud y a los implicados les han puesto un parte de faltas graves. Varios de ellos han sido expulsados del colegio unos días por acumular ciertas incidencias. Nadie me ha dado las gracias por lo que hice, pero yo me siento una heroína.

Ejemplo: A ti, mi querido diario

Hoy ha sido un día extraño. Tenía un examen a tercera hora, no me lo había preparado por falta de tiempo y han sucedido una serie de circunstancias que me han facilitado la tarea. El profesor de la primera hora no ha venido y nos han dado ese tiempo libre; me puse a leer los apuntes. A Segunda, hemos tenido una charla inesperada sobre hábitos saludables, la misma temática que mi examen. Cuando llegó la profe de ciencias dijo que tenía exámenes A y B. Me tocó el B cuyas preguntas coincidían con todo lo que se había explicado en la charla. Me ha salido bordado. ¡Qué suerte!

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Gracias por tu visita y hasta la próxima semana.

Relatos

Leyendas de Amor

El amor brota en el aire, para mí, todos los días del año. Sin embargo, por distintas razones el mes de febrero está íntimamente relacionado con el amor y es por eso que quiero dedicar el post de esta semana a cuatro leyendas de amor que tienen su origen distintos lugares de España.

Si quieres saber cómo escribir una leyenda, puedes leer este artículo, es uno de los más visitados de este blog.

  • Asturias, El puente del beso
  • Murcia, El cejo de los enamorados
  • Málaga: La peña de los enamorados
  • Madrid: El misterio de la casa de la cruz de palo

Aquí podéis leer cada una de ellas.

EL PUENTE DEL BESO:

En la localidad de Luarca, Asturias, se encuentra un puente que lleva el nombre de “Puente del beso”. Cuenta una leyenda que hace muchos años los piratas navegaban a sus anchas por los mares cantábricos, atemorizando constantemente a quienes osaban tocar sus aguas. El pirata Cambaral, el más cruel de los hombres, disfrutaba asediando naves, torturando a sus tripulantes hasta llevarlos a la muerte y raptando a bellas doncellas.

Los habitantes de los alrededores conocían sus fechorías y lo temían, hasta que un día el Señor de la fortaleza de Luarca le tendió una emboscada. Haciéndose pasar por pescador, navegó junto a un grupo de sus mejores hombres y llegó hasta la nave de Cambaral. Allí fue hecho prisionero junto a su tripulación y conducido a las mazmorras de la fortaleza ubicada en Luarca. Fue entonces cuando la bella hija del señor, ejerciendo la función de curandera, entró en la celda de Cambaral y ambos se enamoraron perdidamente. Cada día, con la misma excusa de curar al enfermo, entraba a verlo y conversaban hasta que caía el sol.

Un día ambos decidieron fugarse y se fueron al puerto, pero el Señor de la fortaleza los sorprendió en plena huida. Ante tan claro final se dieron un se abrazaron y se dieron un intenso beso de despedida. Entonces el Señor, con espada en mano, se acercó a ellos y les cortó la cabeza de un solo tajo. Sus cuerpos cayeron al suelo, unidos por el fuerte abrazo.

Al poco tiempo se construyó en aquel lugar el llamado Puente del beso.

EL CEJO DE LOS ENAMORADOS:

Es la historia romántica y trágica entre Marta, una cristiana de familia humilde, y Boán, un acaudalado pagano que llegó a enamorarse perdidamente de Marta. Cuenta la leyenda que Boán no creía en el dios de los cristianos. Para lograr el amor de Marta buscó los servicios paganos de una sacerdotisa pagana que preparó una pócima de amor para la joven cristiana. Pero el brebaje tenía un doble efecto, y así se lo advirtió al joven: solo funcionaría si no existía cariño alguno en el corazón de la mujer que lo bebiera. De lo contrario, enloquecería en cuanto la primera gota tocara sus labios.

En varias ocasiones y a pesar de los sentimientos de amor de Marta hacia el joven, Boán había sido rechazado por no ser cristiano. Es así que el joven enamorado le dio a probar el bebedizo, aunque los efectos no fueron los esperados. Tal y como había augurado la sacerdotisa, Marta enloqueció y, sin control de sí misma, se dirigió a lo alto de una piedra y se despeñó, acabando con su vida. Al enterarse de la muerte de su amada, cuenta la leyenda que el joven Boán, preso de la desesperación, también subió a lo alto de la peña y terminó con su vida, tal como lo había hecho la malograda Marta.

Quienes conocen el lugar dicen que, en el entorno de la piedra, cuando sopla el viento, se puede escuchar el lamento del joven desafortunado.

LA PEÑA DE LOS ENAMORADOS:

Una hermosa historia entre un cristiano y una musulmana. Tello fue hecho prisionero en Archidona, por aquel entonces bajo el poder musulmán. La hija del mandatario moro, Tagzona, por curiosidad, visitó los calabozos donde se encontraba el apuesto cristiano, y entre ambos surgió el amor más fuerte que se haya conocido jamás. Sus religiones les impedían casarse por lo que, en un arranque de desesperación, decidieron fugarse. La mala suerte les rondaba y fueron descubiertos por los guardias que, con el padre de Tagzona al frente, debían capturarles.

Llegaron a un peñón en las cercanías de Antequera. Como único lugar de refugio, decidiendo subir a él y esconderse de sus perseguidores. En la cima, los arqueros del padre musulmán apuntaron a los jóvenes. Ambos se miraron, se cogieron de la mano y se colocaron al filo. No tenían escapatoria. Su futuro estaba escrito: rendirse, ser capturados y separados de por vida. Entonces Tello y Tagzona, unidos por sus manos, se miraron fijamente y se despeñaron, saltando al vacío, prefiriendo unirse en la muerte a ser separados en la vida.

EL MISTERIO DE LA CASA DE LA CRUZ DE PALO

En la calle del Sacramento se gestó una de las atrocidades más bárbaras que se recuerdan, una leyenda de amor, crímenes, y muerte.

En la Casa de la Cruz de Palo, a mediados del siglo XVI, vivía una pareja musulmana: Ella, bella y joven. Él, mucho mayor, y no demasiado apuesto.

En medio de la historia tenemos a un cristiano, joven, que se enamora de ella y pronto se convierte en su amante.

Cuando su marido no estaba, ella le avisaba y juntos gozaban de noches frenéticas en el desván de la casa.

Sin embargo, de repente él dejó de acudir, y ella comenzó a preocuparse.

Pasaron los días, y el joven cristiano no aparecía por ninguna parte. Según corría el tiempo, más le dolía a ella su ausencia, y más preocupada estaba.

Un día su marido murió, y entonces ella decidió comenzar a reformar la casa. Volvió a subir de nuevo al desván donde hace tiempo subía clandestinamente con su amante, y descubrió horrorizada algo terrible…

…el cadáver de su amante estaba emparedado ahí mismo, presuntamente por su difunto marido. Probablemente le pilló un día, y sin clemencia le dejó allí para siempre.

Desde entonces, ella se convirtió al cristianismo y puso una cruz de palo sobre el tejado, para que todo el mundo supiera su cambio de fe.

Espero que te hayan gustado estas leyendas de amor y que sientas el amor de cualquier forma que quieras.

Gracias por la visita.