Escribir una novela, Escritura Creativa, Relatos, Sin Categoría

Guardianes de Arkanshía

Guardianes de Arkanshía, escrito por Luisa García Martínez

  Por fin está a punto de llegar el día en el que la segunda parte de la serie Arkanshía verá la luz.

  Eidyn y Dana comenzaron su andadura en Pórtico de cruce, una historia que me ha dado muchas alegrías y también algún que otro dolor que cabeza.

   Fue mi primera novela publicada, aunque no escrita. La editorial Círculo rojo se ocupó de la portada, maquetación e impresión. Yo me encargué de las presentaciones, la distribución por diversas librerías y la venta. Subirlo a Amazon tampoco fue problema porque me pasaron el archivo para el ebook y ellos se encararon de colocar la novela en formato tapa blanda.

Pórtico de cruce, escrito por Luisa García Martínez

  Escribir Guardianes de Arkanshía supuso todo un reto para mí, pues en mi subconsciente nadaba plácidamente una frase terrorífica: Las segundas partes nunca fueron buenas.

  Tenía muchas ideas para continuar Pórtico de cruce, ya que no había detalles, situaciones, hechos inconclusos. En cuanto me puse a escribir me crecieron los ánimos y me gustaba cada día más.

  Las opiniones de mis lectores cero eran muy importantes para mí. Suponían que si no les gustaba la novela, mi temor era cierto: Las segundas partes…

  Cuál fue mi sorpresa cuando la frase en la que todos coincidían era: Es mucho mejor que la primera.

  Si las opiniones de Pórtico de cruce han sido siempre excelentes, imagina la cara de sorpresa que se me quedó.

  “Por eso, adelante”, me dije.

  Y aquí estamos, autopublicando Guardianes de Arkanshía, una novela de fantasía juvenil donde los personajes principales pasan por una serie de problemas que les lleva a tomar decisiones difíciles de asimilar y, sobretodo, de cumplir. Una historia cargada de aventuras, misterios, profecías, acciones malvadas por parte de personajes que pretenden acabar con el hermoso planeta Arkanshía.

“La maldad siempre triunfa si los seres buenos no hacen nada para evitarlo”.

Guardianes de Arkanshía, escrito por Luisa García Martínez

Sinopsis:

  Tras el Pórtico de cruce, Eidyn y Dana encuentran una forma de vida diferente, un lugar al que pertenecen y del que jamás debieron salir. El sabor dulce de la victoria, conseguida hace apenas unas semanas, se torna ácido, y una terrible profecía anuncia el fin de los días. Su mundo vuelve a estar en peligro, y los gemelos deberán hacer frente a nuevos retos.

  El cambio, la muerte de su madre adoptiva, la separación de Gema y la verdad sobre su origen mantienen a Eidyn sumido en una profunda tristeza. Si no la supera pronto, perjudicará gravemente a su guardiana.

  Por las venas de Dana corre sangre estelar cargada de magia, poderes y virtudes que solo una personalidad fuerte puede desarrollar. Su único consuelo es saber que no está sola, pues los guardianes de Arkanshía potencian su don.

  ¿Será suficiente para salvar el planeta? ¿Lograrán los gemelos devolver la paz a todos los arkanshianos?

Agradecimientos al lector:

  Al final del libro encontrarás un código con el que consigues abrir un archivo PDF. Una vez abierto, encontrarás decenas de páginas con ilustraciones originales de los cuatro libros de magia y brujería que aparecen en la historia. En ellas hallarás información que no aparece en la novela y que la complementa.

  Lo he hecho como agradecimiento al apoyo tan grande que para mí tiene el hecho de comprar el libro y sobre todo leer las historias que pasan por mi cabeza.

  Espero que te guste tanto como a mí.

  Desde aquí os doy las gracias a todos mis lectores de antemano y espero que disfrutéis mucho de Guardianes de Arkanshía.

A la venta en Amazon:

https://amzn.to/2zTIwNF

Gratis en Kindle Unlimited

Gracias por pasar por aquí.

 

Relatos

La genti di muerti

La genti di muerti, fantasialg

  Hoy me apetecía mucho escribir algo relativo a estas fechas. Por mi profesión, celebro Halloween en clase. Tanto en la asignatura de inglés como en la de plástica todos los años preparo alguna actividad curiosa o novedosa para que conozcan un poco más esta costumbre de la angloesfera. Como estudiantes de inglés, la cultura debe ser un aspecto más a tener en cuenta.

  Por nuestra parte (en España), relacionamos estas fechas con los difuntos y de alguna manera nos acercamos más a ellos, aunque sea de forma espiritual. Para hacérselo un poco más ameno a los más pequeños lo mezclamos con salidas al campo para disfrutar en familia comiendo diversos frutos secos propios de la tierra.

  Sea como sea como celebremos estas fechas, lo típico es contar historias de miedo que provoquen sensaciones cuanto menos escalofriantes.

  Desde Extremadura, España, os traigo un relato basado en la mitología extremeña: la genti de muerti. Espero que os guste mucho

  Las gotas de agua caían en forma de aguacero sobre el asfalto húmedo. No era una carretera muy transitada, sin embargo, Clara había activado el control de velocidad por precaución.

  En el asiento trasero viajaba su hija Elena, de tan solo ocho años de edad, que mantenía una agradable conversación sobre sus planes en el pueblo del abuelo. Ella la escuchaba a ratos, le preocupaba la rapidez con la que había evolucionado la enfermedad y el estado en el que se lo iba a encontrar.

—Escucha una cosa, cariño —la interrumpió—. No sabemos si el abuelo tendrá ganas de conversación, así que si te hago un giño significará que debemos dejarlo descansar, ¿de acuerdo?

—Vale, mami.

  El cartel que señalaba el desvío hacia el pueblo apareció a la derecha del camino. Clara sabía que estaría embarrado y blando, por lo que entró con cuidado y condujo con más precaución que antes. Fue necesario activar la doble potencia de los limpiaparabrisas, aunque ya estaban muy cerca. De pronto, Elena gritó:

—¡Para!

  Clara frenó con tanto ímpetu que el coche se le caló. Por instinto, giró la cabeza y se paralizó al ver la expresión de pánico en el rostro de su hija. Estaba blanca como el papel, sus ojos desorbitados y clavaba sus uñas en el elevador. Entonces, se volvió hacia delante, siguiendo la trayectoria de su mirada y quedó horrorizada. Frente a ella, dos encapuchados de pies a cabeza se mantenían erguidos y a horcajadas sobre dos caballos blancos. Una niebla espesa y gris emanaba de sus figuras. El calor del interior del coche se intensificó e incluso se podían escuchar las respiraciones entrecortadas de las dos ocupantes.

—¿Quiénes son? —preguntó Clara con voz trémula.

—¡Son genti di muerti! —respondió Elena.

  Un espeluznante sonido gutural salió del cuerpo inmóvil de la niña, mientras su madre, con el vello de punta, giraba de nuevo la cabeza hacia ella.

—¿Por qué paras, mami?

  La sonrisa habitual de su pequeña iluminaba su rostro. Miró al frente, esperando ver a los dos jinetes esperando. No obstante, el camino estaba vacío y delante, a escasos metros, la entrada del pueblo.

  Desconcertada, Clara arrancó el coche y continuó hasta aparcar delante de la puerta de su padre. Una vecina hablaba con una muchacha joven, y ambas se giraron para darles la bienvenida.

—Teníamos ganas de que llegarais —dijo Petra, la más mayor, estrechando la mano de Clara—. Cada rato que pasa está peor. Esta es Adela, cuida de él varias horas al día.

—Hola Adela, gracias por todo lo que haces por él.

—No las merece.

  Entraron hasta la habitación, y Clara se sentó al borde de la cama. Su padre tenía un aspecto demacrado y pálido. Había perdido mucho peso y ni siquiera abrió los ojos cuando le habló. De todas formas, se quedó el resto de la tarde cuidándolo, sentada en la mecedora de su madre, pendiente de cualquier movimiento.

  Elena le había pedido permiso para salir a la calle. La nieta de Petra era amiga suya desde pequeña y hacía mucho tiempo que no se veían.

—Mi abu dice que el tuyo está muy grave.

—Lo sé. Parece otro. ¿Crees que se morirá?

—Si no tiene forma de romper la maldición, lo hará.

—¿Qué maldición?

—La de la genti di muerti.

—No le he odio nunca.

—Ven, te la contaré.

  Las dos muchachas corrieron hacia una fuente que se encontraba al final de la calle. No había nadie por los alrededores, así que allí podrían hablar sin ser interrumpidas.

—Según dicen los viejos del pueblo, hace muchos años, un hombre que vivía cuatro calles más abajo encontró la manera de burlar a la genti di muerti. Al parecer, hay una marca que es clave para que la maldición se rompa. Aquel hombre tenía dos pequeños círculos rosados en la parte baja de su espalda y su nieto, Felipe, la había heredado. Una noche que se encontraba en sus últimas horas, su nieto fue a despedirse de él. Rogó que lo dejaran a solas con el pequeño y le pidió un gran favor. Cuando nadie lo veía, Felipe colocó bajo el alfeizar de la ventana del abuelo dos sacos de avena y dos cubos de agua. Al día siguiente cuando fue a ver cómo se encontraba su abuelo, lo descubrió sentado en la mesa del comedor, comiendo tostadas y bebiendo una buena taza de café. El color rosado de sus mejillas había regresado y las ganas de moverse, también. Desde aquel momento, la relación entre abuelo y nieto fue excepcional.

—Pero ¿qué fue lo que pasó?

—Según cuentan, cuando dan las doce campanadas, los jinetes encapuchados sitúan sus caballos frente a la casa del enfermo. Con una honda bocanada de aire recogen su alma y se la llevan, dejando solo el cuerpo para ser enterrado y llorado por los familiares. Nadie sabe qué hacen con las almas ni a dónde se las llevan, pero no ocurrió eso con el abuelo de Felipe. Al parecer, cuando los jinetes llegaron, los caballos se comieron la avena y bebieron agua fresca. En cuanto se sintieron satisfechos, dieron media vuelta y se fueron por donde habían venido, sin realizar su trabajo.

  Elena se quedó pensativa. ¿Sería verdad la leyenda que acababa de contarle su amiga?

—Tengo que irme, luego te veo.

—¡Elena! ¿A dónde te vas?

  Mientras corría, no dejaba de pensar en las dos marcas rosadas del tamaño de cabezas de alfileres que tenía detrás de la rodilla derecha. Llegó a la casa de su abuelo y subió a su cuarto. Con rapidez se bajó sus leotardos favoritos y, colocándose frente al espejo de pie, observó atentamente sus marcas.

«¿Se parecerán a las del abuelo de Felipe?», se preguntó.

  Elena bajó las escaleras despacio, pensando muy bien lo que iba a hacer. En el patio de la casa había un cobertizo donde su abuelo guardaba las herramientas del campo y otras cosas. Tal vez hubiera avena por algún sitio.

—Cariño ¿a dónde vas? —preguntó Clara cuando la vio abrir la puerta del patio.

—Solo quiero ver si el gato está por ahí, mami.

—Ten cuidado. El abuelo tiene sus cosas muy ordenadas.

  En cuanto su madre volvió a la habitación, Elena entró en el cobertizo y su corazón se llenó de satisfacción al ver un saco repleto de avena. Con el cazo que se encontraba en la superficie llenó dos bolsas y las puso donde su amiga le había dicho, bajo el alfeizar de la ventana. Después llenó dos cubas de agua y las llevó a su sitio.

—Esto servirá —dijo Elena confiada.

 Faltaba una parte de la leyenda por averiguar y es que no sabía si los círculos rosados los había heredado de su abuelo. De todas formas, tenía que intentarlo.

  A las diez de la noche estaba metida en la cama, con las sábanas tapándole la cara. En sus sueños repetía una y otra vez, con toda claridad, cómo los jinetes llegaban a la puerta de la casa de su abuelo y se llevaban su alma. La maldición no se rompía. La leyenda era un fraude.

  Se había jurado a sí misma permanecer despierta hasta las doce de la noche, momento en el que bajaría y ahuyentaría a los caballos en caso de que la leyenda no funcionara. Sin embargo, el sueño había podido con ella y se despertó en cuanto el gallo cantó tres veces.

  La costumbre de bajar y subir las escaleras a toda prisa no le satisfacía aquella mañana. Quedaban solo tres escalones cuando escuchó la risa del abuelo. Los saltó de una vez y corrió hacia el cuarto. Su madre hablaba animadamente con él, mientras le colocaba una bandeja con toda clase de alimentos para el desayuno.

—¡Qué hambre tengo!

—Pues cómetelo todo, verás qué pronto te repones.

—¡Abuelo!

—¡Mi niña! Ven a darle un beso a este viejo que te quiere tanto. ¡Cómo has crecido!

—Abuelo, ¿estás bien?

—Claro, ha sido solo un achuchón, mi niña.

  Elena escuchó parte de la conversación que mantenían su madre y él. Disimulando, se acercó a la ventana y buscó las bolsas de avena y los dos cubos de agua. Todo estaba vacío.

—Abuelo, ¿tienes alguna marca de nacimiento?

—Claro, pequeña. Y tú también. Fue una alegría muy grande la que me llevé cuando al nacer te vi detrás de una rodilla las dos marcas rosadas que yo tengo en el mismo sitio.

—Vaya. Somos iguales, ¿verdad? —rio la pequeña, abrazando al anciano.

—Iguales, mi niña, iguales.

  La leyenda había funcionado. Nadie sabía el tiempo que duraba el gran regalo de vida que los jinetes habían otorgado al abuelo. De lo que sí estaba segura es de que lo aprovecharía.

Recursos para el escritor, Relatos, Uso de la lengua

Crea tu propia leyenda II + Leyenda inédita.

PRÁCTICA

En el artículo “7 Tips para crear tu propia leyenda” os hablé de cómo crear una leyenda y poder introducirla, por ejemplo, en una historia corta o incluso en una novela. Me gustaría retomar este tema y realizar unas cuantas actividades de reconocimiento para que la nuestra sea la mejor leyenda que se haya inventado.

Así que comencemos.

Esta es la leyenda del «Pozo santo», muy conocida en una localidad cercana a la mía: Azuaga, Badajoz (España).

«Cierto día, hace ya muchos años, una vecina del pueblo de Azuaga llevaba en el cuadril un cántaro y se dirigía cantando al pozo a recoger agua. La señora entró por la puerta del aljibe, por las escaleras y echó el cubo al agua para que se llenase. Una vez lleno el cubo, se agachó para recogerlo con tan mala suerte que resbaló en un peldaño y cayó al agua.

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