Reseña

5 Aprendizajes con La última bruja

 No hay nada mejor que leer por placer y, si de paso consigues varios aprendizajes, realmente has triunfado. Esto es lo que me ha ocurrido tras la lectura de La última bruja, de Mayte Navales.

Título: La última bruja

Autora: Mayte Navales

Editorial: Almuzara

Publicación: 20/01/2017

Páginas: 320

Tamaño: 14,50 x 22,00 cm

Encuadernación: rústica con solapas

ISBN: 978-84-16776-69-6

Sinopsis:

Los nombres tienen poder. Todos lo sabemos. Y los nombres de las brujas siempre han sido más poderosos que los de los humanos, pues contienen su esencia y su magia. Por eso los ocultan. Esta es la historia de dos brujas milenarias. Y de sus nombres. Y de cómo sobreviven al tiempo.

Greta nació en la Edad Media. Irati, mucho más vieja, pertenece a una raza extinta que ya no camina la Tierra. Es la última de su estirpe. Pero en el mundo quedan otras razas como la suya, tribus que conocen los secretos de los bosques primigenios. Y en el presente, un espíritu ancestral sobrevuela los sueños de un niño de aura azul. No solo las brujas ansían su corazón. Solo necesitan su nombre…

Datos que aparecen en Amazon:

Heredera directa de Neil Gaiman, Stephen King, Anne Rice y Patrick Rothfuss, Mayte Navales —finalista del Premio Minotauro— combina con maestría el género del terror y la fantasía mítica para adentrase en la oscuridad y la voracidad del corazón humano. Una novela que invita al lector a perderse en oscuros bosques, que le obliga a pasar página tras página hasta encontrar el lugar donde habitan la venganza y la pasión.

Personalmente, me ha parecido una historia fascinante, no solo por la historia en si, sino por la forma de tratar la fantasía.

La historia transcurre durante muchísimos años, tantos que no se llega a saber en realidad los años que tiene Irati, la bruja protagonista.

Recorren varios lugares dentro del marco geográfico en el que se mueve la autora, entre ellos Praga, y en cada lugar ocurren hechos que influyen en la vida de las protagonistas.

Pero vayamos a lo importante: 5 aprendizajes que he adquirido tras la lectura de esta preciosa novela.

1.- Lo primero que me llama la atención es el Interludio. A partir del capítulo 5 y muy de vez en cuando, se incluyen interludios enumerados del 1 al 11. Si lo he visto en otras novelas, no lo recuerdo. De hecho, siempre lo he relacionado con la música, no con la literatura.

Para quien no sepa qué es un interludio aquí viene la definición:

 Se trata de un fragmento instrumental (a veces coral) que sirve para unir dos secciones de una misma composición. Puede ser también un fragmento de carácter improvisado, generalmente ejecutado por el órgano y que suele ser propio de la música religiosa, que se interpreta entre los versos de un salmo o de un himno.  

Esa definición cuadra con lo que yo conocía. Sin embargo, en el caso de la novela La última brujasería algo parecido a un interludio literario que viene a ser la secuencia o escena de una historia pequeña secante a la trama original y que en algún momento (casi al final de la historia) se entrelazan, proporcionando significado completo a la novela.

Resultan tan importante para la trama principal que sin ellos no comprenderíamos el significado de la historia y viceversa.

2.- Todos somos conscientes de la importancia que tienen los nombres propios, pero la historia de la bruja Irati va más allá. Se comenta en varias ocasiones que conocer el nombre verdadero de una bruja puede llegar a suponer su muerte, de hecho es algo que se constata. De todas las enseñanzas que Irati imparte a Greta, esa es la que más se repite.

Hay todo un mundo de secretos tras el nombre de una bruja.

3.- Las rusalki (plural ruso de rusalka): fantasmas que habitan en los bosques.

Dentro de la mitologia eslava, una rusalka era un fantasma, ninfa del agua, súcubo o demonio que vivía en un canal.

De acuerdo con muchas tradiciones, una rusalka era una sirena que vivia en el fondo de los rios. A medianoche acostumbraba a salir y bailar en los prados.

 Tienen largos cabellos verdes que les encanta peinar, sus ojos brillan como fuego verde, con piel extremadamente pálida.

Una forma de morir era dejar secar sus cabellos.

Les gusta seducir a los hombres hasta que mueren, la mayoria de las veces por su canto o risa.

4.- La mitología de las brujas. Aparecen sucesos tan detallados que los aprendizajes son claros y concisos. Dentro de la historia, Mayte nos habla de:

  • el dios trueno y el dios lobo
  • hasta qué punto la persecución de la inquisición afectaba a sus vidas
  • los rituales que realizaban para casi todo
  • cómo hablaban con los animales y como se convertían en uno de ellos
  • la facilidad para usar los pliegues del tiempo
  • costumbres culinarias, como comer corazones
  • cantar y bailar para alcanzar sus propósitos
  • la forma de seducir a los hombres mediante el sexo para conseguir lo que ellas querían
  • la importancia de la raza vieja y pura
  • él aura de los humanos…

5.- La importancia de la documentación. Eso es algo obligatorio y conocido por todos. Tan importante son tus propios conocimientos como los que adquieras documentándote. No sé los conocimientos que la autora tiene sobre este tema, pero está claro que hay mucha información dentro de la historia, lo que demuestra que es importante:

  • tener todo bien atado
  • planificar cada detalle sin saturar al lector
  • y estar muy seguro de haber corroborado toda la información.

Recomiendo la lectura de esta gran novela, La última bruja, no te dejará indiferente.

Gracias por tu visita.

Escritura Creativa, Relatos

La leyenda de los sacacuartos

La leyenda de los sacacuartos
Siempre hay alguien que quiere aprovecharse de los inocentes

Cuenta una antigua leyenda que hace muchos muchos años, en un país lejano, vivió un rey conocido por todos como «el divino». Desde su primer día de mandato organizó a sus hombres de tal manera que todos los habitantes del pueblo se sintieran protegidos y arropados. Se aseguró de que cada familia tuviera un modo de subsistir y de mejorar con el paso del tiempo y su esfuerzo personal. Premió a aquellos que aceptaban en su taller a un aprendiz y eliminó la pobreza. A pesar de su gran esfuerzo, siempre encontraba a un grupo cada vez más numeroso de personas inconformes con su modo de vida.

Un día, su hijo Alfonso, decidió que había llegado el momento de poner en practica sus ideas. Entendía y aceptaba la forma de reinar de su padre, pero él creía que podía mejorarlas. Tenía la convicción de que a mucha gente se les regalaba su estatus social sin habérselo ganado y eran ellos precisamente quienes se sentían en desacuerdo con las normas reales. Alfonso le propuso a su padre un plan infalible. Se haría pasar por aprendiz y comenzaría a trabajar en la ciudadela. Allí se daría a conocer entre los vecinos y al mismo tiempo estudiaría a cada uno de ellos. Cuando tuviera una idea clara de por qué existía descontento entre la población, volvería a casa.

La leyenda de los sacacuartos
La ciudadela

El rey temía que su hijo fuera reconocido por alguien y pudieran hacerle algún mal. Sin embargo, confiaba en el buen corazón de su gente.

Llego el día señalado y el príncipe Alfonso se dirigió solo al centro de la ciudadela. Se encontraba nervioso y dudaba de que su idea fuera buena, pero estaba animado y decidido. Se había vestido como un joven de su edad, con ropa cómoda y sin ningún signo de riqueza. Su gran amigo Martín, el encargado de las caballerizas reales, le había prestado todo lo necesario. Caminó despacio, observando atentamente el gentío que se encontraba comprando en el mercado. Había disputas entre ellos, desacuerdos en los precios, insultos continuos y querellas. Todos pensaban que eran victimas de abusos y malos manejos. Alfonso prestaba atención a los talleres que se iba encontrando por el camino, ya que entre sus próximas tareas estaba el entablar conversación con el resto de aprendices.

Había pensado que su mejor opción seria una herrería, ya que había pasado mucho tiempo junto al herrero real, viendo hacer espadas para los soldados de la guardia. Su padre se había encargado de hablar con el herrero Pedro hacía varios días y lo estaba esperando.

El aprendiz de herrero

—Muy buenas, hijo. Algo enclenque para mi gusto, pero espero que tengas la fuerza suficiente para darle al mazo.

—La tendré, señor —dijo el príncipe Alfonso, haciéndose pasar por aprendiz de herrero.

Durante días trabajó aprendiendo con ilusión el oficio. Al mismo tiempo se relacionó con todos los aprendices que poco a poco iba conociendo y con el resto de los vecinos. Pero fue el herrero quien más información valiosa le proporcionó. Sus charlas eran interminables mientras el fuego ardía con intensidad en la fragua y los martillos tamborileaban uno tras otro. Fue en esas charlas que Alfonso descubrió la verdad de todo aquel desconcierto y pudo vivirlo en carne propia. Para mantener el buen funcionamiento de la ciudadela el rey había fijado unos impuestos mensuales a la población. Llegado el momento, los encargados de recogerlos, hombres conocidos como «los sacacuartos» , pasaban por los talleres y hogares artesanales para recoger lo convenido: treinta soles de plata para la gran mayoría de ellos.

Un día, mientras Alfonso avivaba las llamas de la fragua, aparecieron dos hombres en la herrería.

—Menudo calorcito tienes en esta choza, anciano —comentó el más barrigón.

—Bienvenidos de nuevo a mi humilde taller, señores. Ahora mismo os doy mi cuota —se apresuró a decir el herrero Pedro.

Alfonso lo notó algo nervioso y bastante tembloroso.

—Vaya, vaya. ¿Que tenemos aquí? —el cobrador de ojos saltones y pelo gris como las cenizas de la fragua apagada se percató de una espada recién pulida que colgaba de la pared. Le pareció la mas bonita que jamas había visto. Sin pedir permiso, la descolgó y la estudió con entusiasmo.

¡Vaya espada!

—Es un encargo, señor —aclaró Pedro—. Esta misma tarde, el señor Foncada, jefe de la guardia de día, vendrá a recogerla.

—Creo que no hará falta. Me la voy a quedar yo, ¿que te parece, Paolo? —le preguntó sonriente a su compañero.

—Magnifica, amigo. Parece echa especialmente para ti.

—Señor, por favor, no puede quedársela —insistió el herrero—. He tardado casi una semana en elaborarla. Si me permite, puedo enseñarle otros modelos y así elige la que más le guste.

—No. No voy a seguir hablando de esto. Dame tu cuota y hazte a la idea de que le has echo un buen regalo al rey.

—Pero, señor…

Alfonso no podía creer que gente elegida por su padre para mantener el buen funcionamiento del reino estuviera abusando de su poder de forma tan descarada. Se había equivocado al pensar que la gente estaba descontenta por otros motivos. Sin pensarlo dos veces, dejó su puesto en la fragua y caminó hacia la entrada para poner fin a aquella situación. Entonces fue testigo de otro acto desleal. El más barrigón recogía la cuota del herrero y contaba las monedas en voz alta.

—¿Qué es esto? —preguntó con cara de pocos amigos.

—Es mi cuota, setenta soles. La misma que he pagado los últimos meses.

La leyenda de los sacacuartos
¡Entrega la cuota!

—Lo siento, pero ya ha subido —declaró el sacacuartos—. Ahora tienes que pagar cien.

—¿Cien soles? No puedo pagar tanto dinero.

—No soy conocedor de tal subida —comentó Alfonso, muy tranquilo.

—¿Y tu quién eres? ¿Por qué te inmiscuyes en asuntos de mayores?

—Ya soy mayor de edad. Os habéis atrevido a pedir setenta soles en los últimos meses. ¿Osáis ahora exigir cien, cuando la cuota de un herrero está en treinta?

—Son ordenes del rey —contestó el más delgado.

—¿Dónde está esa orden? —preguntó Alfonso extendiendo la mano para que le entregaran el documento firmado por el rey.

—No necesito ninguna. Yo lo digo y punto.

—El señor Pedro debe entregar treinta soles para el beneficio de su pueblo. —Alfonso se acercó a coger el dinero de la mano del encargado y le devolvió solo treinta soles. Los otros cuarenta que Pedro había dado de más se los regresó a su dueño.

El sacacuartos que llevaba la espada robada se colocó en posición y obligó a Alfonso a ponerse en guardia. En un abrir y cerrar de ojos, el muchacho agarró una espada aún sin acabar y comenzó una lucha contra el deshonesto encargado que pensaba ganar sin esfuerzo alguno. En cuestión de segundos Alfonso desarmó a su contrincante y descubrió su identidad.

—Sé de buena tinta que mi padre, el rey Juan, no es tan tirano como para asfixiar a su pueblo subiendo las cuotas convenidas. Habéis faltado a vuestra palabra y desobedecido al rey. Seréis castigados severamente. Devolveréis la espada que estabais dispuestos a robar y yo mismo os entregaré a mi padre.

Devuelve lo robado y no abuses de nadie

Y así fue como los habitantes del pueblo volvieron a vivir en armonía, ayudándose día tras día los unos a los otros.

¿Te ha gustado esta leyenda? Espero que sí.

Gracias por tu visita.

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Escribir una novela, Escritura Creativa, Recursos para el escritor, Uso de la lengua

27 Tipos de Textos diferentes para Introducir en tu Novela. La Carta

¿Un refrán, una carta, un jeroglífico, un hechizo o un poema?

Hace muchos años que enviar cartas dejo de ser algo común y corriente. Las nuevas tecnologías han dado paso a formas más modernas de comunicarse. Y aunque puedan ser más rápidas y eficaces no resultan en ocasiones tan personales, emotivas y sentimentales como el hecho de recibir una carta de alguien que quieres o estimas.

No voy a hablar en este artículo sobre las cartas formales, pues deben escribirse de una manera totalmente diferente a las informales o personales. Mi intención es que sepas introducir en tu novela diferentes tipos de textos, por ejemplo: una carta, tal vez amorosa, que tu personaje recibe o envía y que resulta algo crucial para la trama.

Tipo de texto: rezo
Recemos antes de ingerir los alimentos que se nos presentan

Antes de empezar a escribir nuestra carta de amor tenemos que decidir dos cosas:

a) Vamos a incluirla en una escena en la que no tendrá mucha relevancia. Tendrá un valor meramente decorativo.

b) Formará parte de una escena crucial en nuestra historia y además ofrecerá al lector datos trascendentales para el seguimiento de la novela.

Tipo de texto: Lema
Un buen lema ayudará al lector a reflexionar

Vamos a ponernos en situación:

Nuestra protagonista, Estrella, busca desde hace un tiempo a su madre biológica. Cuando por fin conoce el nombre  del pueblo en el que está enterrada descubre información muy valiosa para ella. Además le dan la dirección donde vivió toda su vida, una casa que se encuentra deshabitada justo al lado de la iglesia. Decide entrar y curiosear. En una habitación halla un baúl lleno de papeles y fotos antiguas. Entre ellos aparece una carta amarillenta y desgastada que se anima a leer.

18 de Abril 1936

Querido Aurelio:

Por la presente te comunico que mi padre me ha encerrado en mi habitación y no me deja salir. No podré estar en la estación de tren a la hora convenida. Pero quiero que sepas que siempre te esperaré y me aferraré al mejor regalo que has podido darme: el bebé que crece en mi vientre. Aprovecharé la visita de Isabel, la costurera, para darle esta carta y que te la entregue personalmente.

Siempre tuya, Ana.

He elegido la opción B. La carta además de ser romántica es crucial para la protagonista. Con ella, parte de su historia queda aclarada. Su padre se llamaba Aurelio y su madre Isabel. De algún modo, él se casó con la costurera en lugar de Ana.  Pero ¿cómo consiguieron criarla entre los dos? ¿Qué pasó con Ana? ¿Entregó su bebé a Aurelio? ¿Se la robaron?

Tipo de Texto: Poema/Profecía
Un poema/profecía invita al disfrute personal

Una vez que hemos leído el ejemplo podemos señalar las partes de la carta:

Fecha

Saludo

Contenido

Despedida

¿Cómo debe escribirse una carta?

1.- Siguiendo la estructura anterior.

2.- Usando un lenguaje claro y conciso, basado en frases corta y variadas.

3.- Utilizando el vocabulario de la época en la que fue escrita.

4.- Proporcionando información adicional encontrada leyendo entre líneas.

5.- Añadiendo sensaciones, emociones y sentimientos muy diversos.

5.- Incluyendo el motivo de la carta.

6.- Exponiendo datos relevantes en la historia, bien para aclarar información o para despistar o incluso confundir al receptor de la misma.

Tipo de Texto: versos en latín
¿Qué tal se te da el latín?

Es muy probable que conozcas todos los datos que acabo de darte , pero podrías preguntarte:

¿Qué beneficios tiene introducir un texto, por ejemplo una carta, en mi novela?

Esa es una pregunta muy sencilla de contestar. Incluir textos literarios diferentes entre los párrafos de tu novela proporciona:

  • originalidad
  • una ruptura en la forma continuada de escribir
  • un aspecto físico diferente en tu maquetación
  • diversidad literaria
  • contenido diferente
  • buena impresión y entretenimiento al lector
  • una salida de tu zona de confort.
Necesito estos ingredientes para un conjuro

Todos estos beneficios puedes conseguirlo introduciendo otros contenidos como:

  • páginas de un diario
  • leyendas
  • cuento
  • citas célebres
  • fábula
  • descripciones originales
  • adivinanzas
  • chistes
  • refranes
  • proverbios
  • listas (alimentos, materiales, objetos…)
  • anotaciones
  • notas en otro idioma
  • rezos
  • notas de periódico
  • citas del libro sagrado en el que bases tu historia
  • poemas
  • hechizos
  • titulares
  • encantamientos
  • ilustraciones con notas físicas
  • definiciones de diccionario
  • mapas
  • correos electrónicos
  • notas de prensa
  • artículo de revista
  • jeroglíficos…

Obviamente no queda muy elegante, bajo mi punto de vista, incluirlos todos o casi todos en una misma novela; podría denominarse “Novela Puzle”. Sin embargo, puedes escoger el tipo de texto literario que más se ajuste a tus intereses o necesidades y adaptarlo a tu historia.

Si conoces otros tipos de textos literarios que quieras incluir en esta lista házmelo saber y los añadiré con gusto.

Gracias por tu visita y hasta pronto.

Fotos obtenidas de: Pórtico de cruce y Guardianes de Arkanshía, ambos de mi autoría.

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