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Crea tu propia leyenda II + Leyenda inédita.

PRÁCTICA

En el artículo “7 Tips para crear tu propia leyenda” os hablé de cómo crear una leyenda y poder introducirla, por ejemplo, en una historia corta o incluso en una novela. Me gustaría retomar este tema y realizar unas cuantas actividades de reconocimiento para que la nuestra sea la mejor leyenda que se haya inventado.

Así que comencemos.

Esta es la leyenda del «Pozo santo», muy conocida en una localidad cercana a la mía: Azuaga, Badajoz (España).

«Cierto día, hace ya muchos años, una vecina del pueblo de Azuaga llevaba en el cuadril un cántaro y se dirigía cantando al pozo a recoger agua. La señora entró por la puerta del aljibe, por las escaleras y echó el cubo al agua para que se llenase. Una vez lleno el cubo, se agachó para recogerlo con tan mala suerte que resbaló en un peldaño y cayó al agua.

»Cuentan que la señora no sabía nadar con lo cual se encomendó a Cristo y le rogó humildemente que la salvara. Si lo hacía, cumpliría el resto de su vida la siguiente promesa: No volvería a engañar a sus vecinos en la compra de leche. 

»Presa de la angustia, poco a poco se iba hundiendo cada vez más. Pero en un momento dado, antes de que su cuerpo se sumergiera por completo, el nivel del agua del pozo comenzó a subir. La mujer, como pudo, intentó mantenerse a flote en dirección a las escaleras, y se aferró con todas sus fuerzas a un peldaño, saliendo del pozo por su propio pie. Desde aquel día el aljibe es conocido como el «Pozo Santo», porque se cree que fue Cristo quien obró el milagro».

El pozo santo

Ahora contestemos a las preguntas que aparecen en el artículo antes mencionado:

  1. ¿Qué suceso queremos explicar? Lo que le pasó a la anciana cuando se acercó demasiado al pozo.
  2. ¿Qué personaje protagoniza la leyenda? La anciana arrepentida.
  3. ¿En qué lugar se desarrollará? En un pueblo: Azuaga.
  4. ¿Qué le ocurrió al personaje? Estuvo a punto de morir ahogada por una imprudencia.
  5. ¿Cómo se convierte en héroe? Se encomienda a Cristo y le ruega que la salve, a cambio le promete no engañar a nadie más con la cantidad de leche que vende.
  6. ¿Cuál es el contenido moral? En situación de riesgo, los malos actos pasan por la mente de las personas como flashes y reconocemos el mal que hacemos. Si te arrepientes, siempre estarás a tiempo de mejorar.
  7. ¿Cómo darle veracidad a la leyenda? La profundidad de un pozo, el miedo a caerse, a no saber si es cierta la leyenda o no… todo esto ayuda a pensar que en caso de estar en esa situación, deberías hacer lo mismo, rezar y encomendarte a quien creas.

La siguiente leyenda corta (es solo un fragmento) no cumple con uno de los requisitos principales. ¿Sabrías decir cuál es?

  «Tiempo ha que en la noble mansión de doña Leonor el silencio es absoluto. De improviso, una sombra lúgubre surge del desolado portal, que con gran sigilo y cuidando que los goznes no chirríen, cierra las claveteadas puertas, y calado el chambergo, embozado en su amplia capa carmesí y con la mano en la empuñadura de la espada, se aleja de improviso, procurando que el ruido de las espuelas no lo delate…».

Solución

Solución: uno de los requisitos principales que debe tener cualquier buena leyenda es el lenguaje fácil de comprender y de usar para que el boca a boca fluya como las aguas de un río. En este caso se trata de un lenguaje rico en adjetivos descriptivos, oraciones subordinadas complejas y una expresión difícil de memorizar. Es muy probable que oigamos esta leyenda y no seamos capaces de reproducírsela a nadie, y si dejamos pasar el tiempo, peor. Por eso es necesario que la leyenda tenga un lenguaje sencillo y claro, un contenido emotivo fácilmente asequible y que sea sencilla de memorizar

Y ahora, para aquellos interesados en las leyendas, os quiero ofrecer una leyenda inédita que espero que sea de vuestro agrado. Podéis aprovechar para extraer la respuesta a las preguntas después de leerla y si tenéis alguna duda, dejadla en los comentarios.

La leyenda del guerrero Betiste.

   Hay gente que no teme escuchar historias oscuras y son capaces de memorizar hasta el más mínimo detalle para después, sentado frente a la chimenea escuchando el leve crujir de la leña, deleitar a los allí presentes con las mejores leyendas jamás contadas.

  Ese es el caso de aquellos que ha escuchado la leyenda del guerrero Betiste.

 Hace muchos años, en las zonas más frías de Europa, se escuchaban cientos de historias sobre las cruentas batallas que llevaba a cabo el despiadado Betiste. Se decía de él que no había perdido batalla alguna y que los soldados jamás osaban levantar su espada primero.

La leyenda del caballero Betiste.

  Hacía años que el reino del norte no conocía la paz y la tranquilidad, y una nueva lucha se cernía sobre él. El rey, cansado de ver mermado su ejército y siendo consciente de que acabaría perdiéndolo todo, decidió contratar los servicios de un ejército de mercenarios encabezado por el despiadado Betiste. De esa manera aseguraría no sólo su reino, sino la formación de sus propios soldados que aprenderían de él para próximos enfrentamientos.

  Llegó el fatídico día en que los soldados del rey defenderían a muerte sus tierras. Todo estaba listo y mientras los hombres se colocaban en posición, el rey aguardaba en lugar seguro, junto a varios hombres del consejo. Desde su puesto observaría el triunfo o la derrota de su último ejército.

  De ambos bandos galoparon dos hombres portando sus respectivos estandartes. Recorrieron una distancia de no más de dos yardas hasta que se colocó uno frente al otro.

  La gran mayoría de los corazones apostados en el campo de batalla deseaban con fervor la bajada de los estandartes, lo que supondría que ambos representantes habían alcanzado un acuerdo y no iniciarían la lucha. Sin embargo los estandartes cayeron.

  El regocijo del rey era visible. Betiste giró 180º y cabalgó hacia sus hombres, celebrando con una amplia sonrisa el inicio inmediato de la batalla.

  No le faltaba más que dos pasos para llegar a la primera línea de soldados que permanecían resguardados detrás de sus escudos, cuándo Betiste gritó:

—¡Al ataque!

 Con más rapidez de la que tardan mis palabras en salir de mi boca, llegaron los dos ejércitos al punto medio del campo de batalla. El rey no perdía detalle. Ayudándose de su catalejo observaba cada punto cardinal del campo, celebrando cada caída de un soldado enemigo.

  El sonido dentro del lugar de acción era devastador. Los gritos se entremezclaban con el choque de las espadas y los escudos. Cada hombre luchaba por su vida, tratando de defenderse al mismo tiempo que contraatacar.

   Llegó un momento en que Betiste se vio solo, en medio de la lucha. Cada hombre permanecía atento a su contrincante y nadie osaba abalanzarse sobre él. Eran ciertas las habladurías. Ningún soldado pugnaba por mantener un combate cara a cara con el mayor mercenario de la historia.

  En el mismo instante en que decidió que irrumpía en la lucha entre dos soldados ocurrió algo insólito. Una niña pequeña de no más de ocho años de edad apareció de pronto frente a Betiste.  Su delicada figura contrastaba con el sangriento paisaje que la envolvía. Su cabello dorado, repleto de tirabuzones ondeaba mecido por el viento. Sus cálidos ojos verdes observaban al mercenario sin reproche. Un hermoso vestido blanco compuesto por decenas de finas capas de seda bailaban al son de su cabello y sus diminutos y delicados pies permanecían envueltos en zapatos de cristal que comenzaban a teñirse de rojo por la sangre de las víctimas.

Niña

  Betiste la miro a los ojos. «¿Qué hacía semejante criatura en un lugar como aquel?», se preguntó.

   Entonces ella alargó sus tiernas manos y le mostró un pañuelo blanco posiblemente de seda que permanecía delicadamente doblado.

—Toma este pañuelo y dónde halo al viento, significará que concluyes la batalla y después tratareis de llegar a un acuerdo.

—¿De qué hablas, criatura? No pienso hacer eso. Estás loca y no deberías permanecer aquí ni un solo segundo más. Vete por donde sea que hayas venido.

—Arrepiéntete de lo que haces y podrás alcanzar el perdón. Todavía estás a tiempo.

—¿Qué sabe tú de nada? No eres más que una chiquilla.

—No te fíes de las apariencias —dijo la niña, colocándole más cerca el pañuelo.

Betiste golpeó la mano de la pequeña, cayendo al suelo el pañuelo que en cuestión de segundos quedó completamente cubierto de sangre.

  Una espesa nube negra cubrió por completo a la niña y como si fuera un tornado giró y giró cada vez más rápido. Betiste miraba a su alrededor ignorando la razón de por qué nadie observaba lo mismo que él.

  La nube comenzó a disolverse soldarse y a dejar de girar, para convertirse en la peor visión que una persona puede esperar. La muerte, envuelta en su túnica negra, se presentó ante Betiste. No llegaba a verle los ojos pues quedaban ocultos bajo la amplia capucha, sin embargo, el mercenario sabía que venía a por él. Armándose de un valor inservible, dio un paso atrás y se colocó en posición levantando su espada y chocando con dureza contra la enorme guadaña. Antes de que pudiera respirar, la muerte lo había desarmado y su espada volaba hacia ninguna parte. Betiste entendió que había llegado su hora y lejos de estar preparado, como él pensaba, su corazón comenzó a latir con fuerza, temeroso de su final y, sin previo aviso, empapó sus pantalones.

La muerte

—No me mates, por favor —suplicó—. Haré lo que tú quieras.

  Con un rápido movimiento recogió el pañuelo que le ofreció la niña y trató de ondearlo pero fue inútil.

—Has rechazado la única oportunidad que tenías de redimirte. Te condeno a vivir eternamente vagando por la tierra, buscando desesperado poder alimentarse de la sangre de soldados perecidos en el campo de batalla. Aquel soldado que ose luchar contra ti y te derrote acabará con tu maldición.

  Se dice que, desde entonces, el mercenario Betiste dedicó su vida a la búsqueda incesante de sangre y de un valiente guerrero que dejara atrás los miedos y le concediera la salvación.

  Si os ha gustado, me alegro mucho. Si podéis compartirla, os doy las gracias de antemano.