El portador de Emociones.

El portador de Emociones.

Hubo una vez un hombre que todos los días recorría un camino desértico y arenoso para ir de su casa al mercado. Cuando volvía arrastraba una caja llena de piedras que le provocaban la más dura de las tristezas. Era una caja casi desvencijada por el peso y el trabajo que diariamente debía soportar.

Una mañana, cuando regresaba a casa sin más conversación que la de sus propios pensamientos divisó a una anciana en el borde del camino que lo detuvo para preguntarle:

—¿Qué daño has causado para tener que soportar en esa caja tanto sufrimiento, buen hombre?

—Yo soy feliz así, quitándole a los demás sus propios sufrimientos.

—¿Y cómo lo haces?

  El hombre se agachó y cogió una piedra.

—Esta piedra de aquí porta la rabia del panadero. Cuando me he acercado a su puesto he visto que el pan había subido de precio. Le he preguntado si tenía algún pedazo más pequeño y barato y ha desatado toda su rabia por la falta de venta contra mí.

   Esta otra, porta el desánimo del carnicero, que cansado de tanto trabajo ha preferido darme la pechuga sin partir porque estaba deseando irse a su casa.

   También llevo la incomprensión de una mujer que me ha insultado por no darme cuenta que pasaba tan cerca de ella que nos hemos rozado el brazo. Con tanto gentío en el mercado no pude evitarlo.

  Y esta, porta el miedo del pescadero que no ha soportado que ayude a entrar las cajas de pescado y ha creído que pretendía robarme una de ellas.

—¿Y esa negra, la más grande? ¿Qué significa?

—Esta piedra es la que más daño me ha causado. Lleva dentro la falta de paciencia de mi esposa, que me ha visto en el mercado y me ha regañado por seguir recogiendo sufrimientos.

—¿Y no te has parado a pensar que a  lo mejor tiene razón? —preguntó la anciana.

—Si no lo hago yo, ¿qué será de toda esa gente? Se frustrarán porque no sabrán gestionar sus emociones.

—Creo que no es tu labor absorber las emociones de nadie. Además ¿quién absorbe las tuyas? Cada uno es dueño de sus circunstancias y debe aprender a manejar sus respuestas a la vida.

—Pero, soy incapaz de responder a alguien que me lanza su rabia, miedo, pesimismo, desánimo, … Mejor me callo y continúo mi camino.

—Y llegará un momento en que no puedas con esa caja, o que ella sola se rompa.

—¿Qué puedo hacer?

—Deja que los demás gestionen sus emociones como mejor le parezca. No hagas tuyos sus propios problemas. Saca todas esas piedras que entorpecen tu desarrollo en la vida. Enfócate en el polo opuesto. Carga esa caja de emociones positivas que te den seguridad y confianza: la felicidad, una sonrisa, esperanza, entusiasmo, responsabilidad, equilibrio,… y verás recompensado el esfuerzo de arrastrar esa caja.

No dejes que nadie te regale lo que él mismo no quiere.

Reflexión:

En nuestras vidas, muchas veces tenemos que resguardarnos por algún tiempo y comenzar un proceso de renovación para llevar a cabo un vuelo con olor a victoria. Debemos dejar atrás las malas caras, las contestaciones inoportunas, las miradas de recelo, los comentarios inapropiados,… y mirar hacia adelante buscando única y exclusivamente lo positivo.

Si tú cambias, la vida cambia.

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En la caja de información te dejo otros cuentos para reflexionar y el enlace a mi blog por si lo que te apetece es leer la historia.

Espero haber puesto un granito de arena en tu bote de la felicidad. Llénalo.

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