El Poder de la Confianza

El poder de la confianza

EL PODER DE LA CONFIANZA

  En una pequeña granja situada cerca de las montañas del norte del país vivía Juana con su marido y su pequeño de no más de 4 años.

  Durante el día la pareja de granjeros trabajaba incansablemente cuidando de los animales, el huerto y el mantenimiento diario de la granja que cada día se caía en más y más pedazos.

  Pedrito ayudaba con los animales más pequeños y cada día lo hacía mejor. Parecía tener una habilidad especial para sacarlos adelante una vez nacían.

  Sin embargo, Juana y Pedro iban percibiendo que Pedrito no actuaba de la misma forma que otros pequeños que conocían. Le costaba mucho hablar y pese a que a veces pronunciaba alguna que otra palabra prefería hacerse entender con gestos. Pasaba las horas jugando con conejos, patos, gallinas y demás animales de la granja.

  Pasaron varios años y Pedrito continuaba siendo el mismo niño, expresándose de la misma manera y jugando solo con sus animales.

  Pedrito no tenía amigos, porque en la zona no vivía nadie, ya que el pueblo más cercano estaba a una hora a pie, pero tenía juguetes y cuentos con los que podía entretenerse. Pero Pedrito solo quería jugar con sus animales.

El poder de la confianza

  Llego un día en que los padres de Pedrito tomaron la decisión de llevarlo al colegio, ya tenía 8 años y podría ir y venir solo, realizando a pie la hora de camino que separaba al centro de la granja.

  El primer día de colegio fue muy duro para Pedrito ya que, aunque hizo amigos en cuanto llegó, todos comenzaron a reírse de él cuando confesó que no sabía ni leer ni escribir.

—¿Acaso tus padres no podían llevarte al colegio? —preguntaban los compañeros.

Pedrito movía la cabeza en señal de negación.

—¿Tampoco ellos saben ni leer ni escribir?

Pedrito asentía

—¿Entonces porque no te han enseñado ellos?

Pedrito se encogía de hombros.

  Y todos rompían a reír cuando escuchaban a unos pocos compañeros decir que era mudo.

  Pedrito volvió a casa y se encerró en su habitación. Ni siquiera saludó a sus amigos los animales cuando llegó a la granja.

  Juana y Pedro trataron de sacarle lo que había ocurrido en el colegio pero Pedrito no decía nada.

  A regañadientes fue durante dos semanas más a clases hasta que una mañana el director paró al pequeño antes de salir y le habló:

—Ten, Pedrito. Dale esta carta a tus padres de mi parte. No se to olvide, es importante.

El poder de la confianza

  Pedrito asintió y comenzó a hacer su caminata de vuelta a la granja. Al llegar a casa sus padres estaban sentados a la mesa con la cena delante. Pedrito le dio la carta a su padre y con escasas palabras comentó:

—Del director.

—¿Del director? —repitió su padre con voz preocupada —. Veamos qué dice.

Durante unos minutos leyó la carta en silencio hasta que Juana lo interrumpió.

—¿Qué dice?

—“Estimados padres de Pedro Comilla:

  Es un deber para mí informarles que tras varias reuniones realizadas por los maestros de este colegio hemos llegado a la conclusión de que Pedro ha superado todos los conocimientos que aquí podríamos enseñarles. Rogamos lo envíen a otro centro con mayores recursos o se encarguen ustedes mismos de su educación.

            Reciban un cordial saludo del Equipo de Profesores y Dirección.”

—Vaya, Pedrito — dijo Juana orgullosa de su hijo, dándole un fuerte abrazo.

Cuando Pedrito se fue a dormir la pareja se quedó conversando en la mesa.

—¿Qué haremos ahora?—preguntó Juana.

—Le enseñaré todas las tardes.

—Pero… ¿y la granja?

—Me levantaré antes y continuaré después de que él termine. Lo más importante es nuestro hijo.

El poder de la confianza

  Pasaron los años y el alcalde del pueblo de Pedrito organizó una celebración en honor suyo. Los últimos años había hecho grandes donaciones al pueblo y querían agradecérselo.

  Desde la alcaldía se escribió una carta invitando al Cardiólogo más importante del país, el Dr. Pedro Comilla, quién respondió a la misma con una afirmación.

  Tras celebrar el evento, el ahora doctor pensó visitar la granja. Sus padres desgraciadamente habían fallecido, pero la casa seguía intacta.

  Recorrió las habitaciones sintiendo melancolía y tristeza. Recordaba los buenos momentos vividos con sus padres y sus animales pero ahora todo estaba demasiado abandonado y solitario.

  Se le vino a la cabeza el libro favorito de su padre, que tantas y tantas veces le había leído antes de dormir: Rimas y leyendas de Gustavo Adolfo Bécquer y al pasar por su cuarto lo vio encima de la mesita de noche. Al cogerlo, una carta amarillenta y desgastada de tanto leerla cayó al suelo. Pedro la cogió y sus ojos se fueron directamente a la firma:

            Reciban un cordial saludo del Equipo de Profesores y Dirección.

— ¡Pero si es la carta del director! –dijo en voz baja.

Entonces volvió al encabezado y leyó:

 —“Estimados padres de Pedro Comilla:

  Es un deber para mí informarles que tras varias reuniones realizadas por los maestros de este colegio hemos llegado a la conclusión de que Pedro es un alumno con graves deficiencias cognitivas y dificultades para el aprendizaje que en este momento reciben sus iguales. Rogamos lo envíen a otro centro o se encarguen ustedes mismos de su educación.

  Pedrito, ahora doctor Pedro Comilla, no podía entender lo que acababa de leer. Esa no era la carta que su padre le leyó el último día que asistió al colegio.

  Ahora lo comprendía todo. Su padre había confiado en él más de lo que lo hiciera cualquiera y no estaba dispuesto a permitir que interrumpieran sus sueños. Prefirió sacrificarse él, echando más horas de trabajo de las que el día tenía, para llevar a su familia hacia lo más alto.

Hoy continúa preguntándose qué hubiera pasado si su padre hubiese leído la carta verdadera.

Reflexión:

    Una de las siete palabras mágicas que nos ayudan en el día a día a ser más felices, exitosos y mejores personas es “Confiar”. Tú sabes lo que necesitas saber, te lo dice tu intuición. Pero a veces no escuchamos a nuestro yo interior y nos dejamos llevar por lo simple y fácil. En esta historia el padre del protagonista tiene que confiar ciegamente en lo que cree su corazón, ya que el resto del mundo no lo hace. Si él cae en la misma trampa, el mundo se derrumbará a su paso. 

  La vida pone continuamente obstáculos que no solo tú puedes salvar. Estar rodeado de gente que apuesta por ti también destruye esos obstáculos.

  Hay tantas opiniones como gente en el mundo. Pero la opinión que los demás tengan de ti es suya. Tú debes tener tu propia definición de ti mismo y ser fiel a lo que crees. No eres ni mejor ni peor que otros, eres único y especial por la simple razón de ser Tú.

¿Y yú? ¿Qué nivel de confianza tienes? ¿Te animas a aumentarla?

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Espero haber puesto un granito de arena en tu bote de la felicidad. Llénalo.

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